Pioneros españoles de la novela negra
Por Juan Girón Roger.
“En este negocio aprendes que confiar en alguien es la forma más rápida de quedarte solo”( Dashiell Hammett)
Por mucho que les sorprenda, la novela negra que todos conocemos de la mano de Raymond Chandler o Dashiell Hammett tuvo un recorrido previo en nuestras letras. Eso es lo que recoge la muestra “Un Madrid de novela negra”, organizada por la Comunidad de Madrid en el Complejo Cultural El Águila, en torno a este tipo de novelas ambientadas en el ámbito madrileño.
A escala global, existe el consenso de que la primera novela policiaca se le debe al norteamericano Edgar Allan Poe, cuando publicó “Los crímenes de la calle Morgue“ en 1841. Pero mirando más atrás, ya en el siglo XV encontramos relatos criminales sobre hechos reales o ficticios envueltos en elementos de misterio y justicia. Así, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XV, las crónicas castellanas dan cuenta de los cómplices de la reina Juana Beltrán , presuntos responsables de un envenenamiento en el palacio que debe ser investigado por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición con los métodos a la usanza de aquellos años.
Pero es a Miguel de Cervantes a quien se debe el que se considera un claro antecedente del relato criminal. En sus “Novelas ejemplares” ( 1613), “La fuerza de la sangre” nos presenta la investigación del rapto y la violación de una joven toledana. Resulta destacable que la víctima es aquí el detective. Después del genio cervantino, varios escritores realistas cultivaron este incipiente género: Pedro Antonio de Alarcón ( “El clavo” en 1863) ; Benito Pérez Galdós ( “La incógnita”, en 1889) y Emilia Pardo Bazán ( “La gota de sangre” en 1911, que introduce el primer detective español contemporáneo: Ignacio Selva).
Estas historias se caracterizaban por elementos como la ambigüedad moral, el suspense, la denuncia social y el retrato psicológico propios de lo que representaría la novela negra, cuyo mayor exponente sería el norteamericano Hammett a partir de 1929. Precisamente a comienzos del siglo XX, la narrativa policiaca madrileña adquirió rasgos humorísticos, concisión estructural ( las historias se destinaban al formato de la novela breve) y la influencia de la novela negra estadounidense.
En los años 30 del pasado siglo, abundan las colecciones de títulos de novela negra traducidos del inglés. En los años 40, aumenta el interés de los lectores por este género y se produce una avalancha de novelas poco trabajadas por la pluma de autores españoles que utilizan pseudónimos extranjeros. Sólo unos pocos escritores desarrollan personajes detectivescos españoles: José Cano ( que creó al inspector de la Policía en Madrid Hugo Corín) y Vicente Arias ( que ideó al detective madrileño Juan Gray). Capítulo aparte merecen autores como Wenceslao Fernández Flórez o Enrique Jardiel Poncela, que aplicaron su ironía a este género literario.
En 1953, Francisco García Pavón introduce el personaje “Plinio”, un policía municipal manchego que resolverá infinidad de casos con su lógica y sentido común. García Pavón -que recibiría el premio Nadal por “Las hermanas coloradas” en 1969- está considerado como el primer autor de novela policíaca genuinamente española .
En la Transición, personajes literarios como el Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán y el Gálvez de Jorge Martínez Reverte marcaron un hito, así como otros autores tales como Juan Madrid, Carlos Pérez Merinero , Lourdes Ortíz o Julián Ibáñez.
Entrando en la década de los 2000, el género se fue consolidando con altas dosis de cinismo, crítica social (corrupción, inmigración), ambientaciones locales y una compleja intriga policial : Alicia Giménez-Bartlett, Carlos Ruiz Zafón, Antonio Muñoz Molina , Lorenzo Silva, Javier Castillo, Dolores Redondo, Juan Gómez-Jurado, Domingo Villar, e incluso Arturo Pérez Reverte mojaron sus plumas en la espesa tinta de la novela negra.














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