El dragón de Bangkok, un lagarto gigante entre rascacielos.

Texto y fotos: Juan Girón Roger.
El dragón de Bangkok es una de las atracciones de la capital tailandesa. Se puede encontrar en el parque Lumpini, en la zona financiera y moderna de la ciudad, entre los barrios de Silom y Sathorn. El animal pasa su tiempo tomando el sol junto a alguno de los canales de la parte izquierda del recinto donde muchos ciudadanos acuden a pasear o a correr los fines de semana.
Este reptil es primo del dragón de Komodo, un depredador típico de Indonesia. El de Bangkok es en realidad un varano acuático gigante y, aunque en volumen se asemeja a su primo (unos 70 kilos de peso y hasta 3 metros de longitud), su mordedura no es letal.
No olvidemos que el de Komodo está dotado de saliva tóxica de la que resulta complicado salvarse tras la mordedura, mientras que el de Bangkok tiene la saliva plagada de bacterias que pueden causar una seria infección, pero no te dan el pasaporte para el otro mundo.
El animalito tailandés saca su lengua bífida, se broncea junto al agua, se da un chapuzón en alguno de los canales o sube a los árboles del parque Lumpini en busca de alguna pequeña presa. También es carroñero y las autoridades valoran su papel a la hora de limpiar de bestezuelas muertas ese pulmón de la ciudad.
A todo esto, el dragón de Bangkok rehúye a los humanos. Como si hubiera leído el reglamento del parque Lumpini, que es estricto en este sentido: prohibido acercarse al lagarto, prohibido tocarlo, prohibido darle de comer. Porque la verdad es que este varano puede morder o herir al que se le acerque demasiado.
Especie protegida en el país, al dragón de Bangkok le cabe una gloria poco frecuente entre los reptiles ( que suelen aparecen únicamente como elementos de relleno en imágenes mitológicas o religiosas): como si se tratase de uno de los próceres de la patria, le han levantado una estatua en el parque. Toda nuestra consideración y respeto para el saurio tailandés.

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