Un fruto prohibido que levanta pasiones

Texto y fotos: Juan Girón Roger
En el Sudeste asiático, el durián es más que una fruta de intenso olor. Se trata de un símbolo de la cultura, la tradición, la sociedad y la economía de países como Tailandia, Malasia, Indonesia, Vietnam o Filipinas.
Sin embargo, encontramos carteles que prohíben el durián dentro de los vagones del metro, en edificios públicos, en los hoteles de la región e incluso aparece en la lista de objetos vetados en el equipaje de quienes embarcan en vuelos desde aquel rincón del planeta. Acabo de volver de esa parte del mundo y lo he comprobado en primera persona. ¿A qué se debe tanto rechazo y, al mismo tiempo, tanta adoración?
Lo llaman el “rey de las frutas”. Está presente en la alta cocina asiática, pero también lo venden puestos callejeros de comida en los que llama la atención su cáscara verdosa con aspecto de piel de dinosaurio. Este rasgo lo comparte con el “jackfruit” o yaca; pero el sabor del primero no tiene parangón con ninguna otra fruta. Ni tampoco su peculiar olor dulzón. Y es que en su composición se encuentra el azufre, lo que empuja a mucha gente a comparar su aroma con el de huevos podridos, agua estancada, queso demasiado maduro, basura cociéndose bajo el sol o carne en descomposición. Mark Twain describió esta característica en “Following the Equator”: “Se decía que su cáscara exhalaba un hedor tan atroz que, cuando había un durián en la habitación, incluso la presencia de una mofeta resultaba refrescante.”
Sin embargo, la mayoría de los habitantes del Sudeste asiático adora este controvertido fruto. Lo cierto es que la experiencia olfativa nada tiene que ver con la del paladar. El durián – calórico y rico en azúcar- es dulce y cremoso; tiene un sabor que recuerda a las natillas, con un toque de caramelo avainillado, queso suave o plátano maduro. Para muchos de sus consumidores, tiene una fuerte carga familiar, de icono cultural y de tradición, casi algo como “el aroma de su hogar” que antaño evocaban los anuncios del jabón Heno de Pravia. Por eso podemos encontrar esta fruta en caramelos, en platos como el “durian sticky rice” (arroz glutinoso, leche de coco dulce y pulpa de durián), en pedazos desecados, en chips crujientes, en salsas…
Por si fuera poco, los países de la región se disputan la hegemonía en las exportaciones del preciado fruto, clave en la agricultura de aquellos países y verdadero motor económico. Para los agricultores tailandeses, la exportación del durián genera en torno a 3.500 millones de euros por temporada y supone el 73% del valor total de sus exportaciones de fruta fresca. En esto influye la altísima demanda de ese producto por parte del mercado chino -que absorbe el 98 por ciento de las exportaciones tailandesas de este fruto-, donde se ha convertido en la fruta importada que más dinero mueve. No en vano, el durián ya se considera una fruta de lujo. Fue en los años 70 del pasado siglo cuando el primer ministro tailandés Kukrit Pramoj, en su primer viaje oficial a Beijín, llevó un regalo de Estado que abriría las puertas a un floreciente comercio bilateral: una ofrenda de 200 durianes.
Dicen que a los hombres se nos conquista por el estómago. Los chinos no parecen escapar a esa regla. El gigante asiático importó el año pasado alrededor de 1,87 millones de toneladas de durián, lo que lo convierte en el mayor consumidor mundial de esta fruta. En los últimos 10 años, su consumo se ha quintuplicado y la cocina de aquel país ya tiene más de 200 platos que incluyen el durián.
China juega hábilmente con esta fruta como baza de influencia geopolítica: ya está abriendo la puerta al durián de Vietnam (en expansión fuerte), de Malasia y Filipinas (entrada progresiva) y de Indonesia y Laos (interés creciente). En 2018, la plataforma china de venta online Tmall (alibaba) hizo un lanzamiento masivo de este producto, con 80.000 durianes (200 toneladas) vendidos en 60 segundos. Otras plataformas chinas han seguido ese ejemplo: JD Fresh, Pinduoduo, y Douyin (TikTok China). Estamos ante un boom comercial impulsado por innegables mejoras en el transporte y la cadena de frío (tren China-Laos, los barcos exprés “durian express”).
Un plato de durian sticky rice, de sabor untuoso y aromático.
Las empresas chinas ya invierten directamente en las plantaciones y se ha ido conformando un ecosistema del durián sin precedentes: comercialización de productos derivados como la pulpa congelada, aperitivos, pastelería…
Más allá del fenómeno gastronómico, se está desarrollando el turismo del durián, que permite visitar plantaciones, el contacto con los productores, recoger la fruta directamente del árbol, degustar distintas variedades de durián y participar en experiencias gastronómicas y locales. Tailandia y Malasia son referentes en este tipo de agroturismo, con iniciativas como el “bufé libre de durián : coma todo lo que pueda”.

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