Contrastes y tradiciones en el barrio chino de Bangkok
Texto y fotos: Juan Girón Roger.
Pocas zonas de Bangkok conservan una personalidad tan singular como Chinatown. El barrio de Yaowarat contiene un mundo propio: laberintos de callejones, mercados y fachadas centenarias donde la herencia china nos recuerda que la comunidad chino-tailandesa es la mayor comunidad china de ultramar del mundo.
Con sólo abandonar las avenidas principales uno se adentra en un entramado de callejuelas que nos llevan a rincones pintorescos: pequeños santuarios entre edificios, una tienda especializada en hierbas medicinales cuyo encargado ha sucumbido al sopor, o un mercado al aire libre donde se vende desde alimentos frescos hasta amuletos de la suerte, telas, joyas o artesanía local.
La puerta de entrada a este universo es Yaowarat Road, la legendaria “calle del dragón”, llamada así por el sinuoso trazado que dibuja sobre el mapa. Luminosos carteles en caracteres chinos, columnas decoradas con dragones e incesante ir y venir de comerciantes y compradores marcan el ritmo del barrio.
Durante el día mantiene su condición de gran centro comercial, pero al caer la tarde la avenida Yaowarat se transforma en uno de los grandes escenarios gastronómicos de Asia. Los puestos de comida callejera invaden las aceras de este “paraíso de la comida callejera”, como lo bautizó una vez la CNN.
La oferta culinaria es diversa. Varios establecimientos de comida callejera presumen del reconocimiento de la Guía Michelin. Es el caso de Guay Jub Ouan Pochana, cuya sopa de fideos de arroz enrollados con caldo muy especiado y cerdo crujiente ya es un icono gastronómico del barrio chino.
El típico "congee" con albóndigas de cerdo y ración de nutritivos órganos.
Entre los platos más populares figuran los guay jub, una sopa de fideos de arroz enrollados servida con cerdo y pimienta; los dim sum al vapor; los mariscos salteados al estilo cantonés; los reconfortantes cuencos de jok, una cremosa sopa de arroz que muchos bangkokianos consideran el mejor de los desayunos, y también los cotizados “pepinos de mar” u holoturias, un manjar gastronómico de la familia de las estrellas de mar. En algunos de los locales más modestos, abiertos completamente a la calle y frecuentados casi exclusivamente por residentes de origen chino, el visitante comparte mesa con vecinos del barrio frente a humeantes tazones de congee (sopa espesa de arroz) con albóndigas de cerdo ( o con intestinos, hígado o riñones, para los menos escrupulosos), preparados según recetas transmitidas de generación en generación.
Junto a esta cocina popular convive otra gastronomía asociada al lujo y la celebración. Varios restaurantes de Chinatown siguen ofreciendo sopa de aleta de tiburón, considerada durante siglos un símbolo de prestigio social dentro de la cultura china. Más apreciada por su textura gelatinosa que por su sabor, tradicionalmente se le han atribuido virtudes relacionadas con la longevidad, la prosperidad, el vigor físico y la potencia sexual. Hoy, su presencia en banquetes familiares y celebraciones especiales responde sobre todo a una cuestión de tradición y estatus. Este plato es objeto de una intensa polémica internacional debido a las prácticas de pesca asociadas a la obtención de las aletas, duramente criticadas por organizaciones conservacionistas.
Apetitosas holoturias y aletas de tiburón "al dente".
Si echamos la vista atrás, descubrimos que la comunidad china comenzó a asentarse en Bangkok tras el traslado ordenado por el rey Rama I para permitir la construcción del Gran Palacio. Con el tiempo, el barrio se expandió alrededor de Yaowarat, Charoen Krung y Song Wat, convirtiéndose en uno de los principales motores comerciales de la ciudad.
A pocos minutos de la avenida principal, calles como Plaeng Nam Road ofrecen una visión más tranquila y auténtica del barrio. Esta estrecha vía conecta Yaowarat con el templo Wat Mangkon Kamalawat (el templo budista chino más importante de Bangkok) y reúne pequeñas casas de comidas, cafeterías tradicionales y comercios familiares lejos de los circuitos turísticos. Más al sur aparece Talat Noi, una de las zonas más antiguas de la ciudad, donde los talleres mecánicos, los murales de arte urbano, las mansiones chino-tailandesas y los viejos almacenes crean una atmósfera distinta, evocadora de un Bangkok anclado en el tiempo.
La insoportable levedad del sopor con esencias de hierbas medicinales.
Entre dragones rojos, humaredas de cocina callejera y el sonido incesante del comercio, Chinatown nos ayudar a comprender el carácter multicultural de la capital tailandesa.























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